domingo, noviembre 09, 2008

Rearmando el tablero.

"Ha de notarse, pues, que a los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque, si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que la ofensa que se haga debe ser tal que le resulte imposible vengarse."

("El Príncipe", Capítulo III).


Me pregunto yo:
¿Las ofensas que se hacen, que tienen que ver con la lealtad, acaso son demasiado leves como para no vengarse? ¿Traicionar la confianza no es acaso "leve" que no me he vengado?

Y es que no me vengaría jamás... porque el precio de mi venganza no tiene que ver con cuál sangrienta pueda ser mi venganza... y es que Dios perdona y olvida, yo no. Así que él hará el trabajo sucio por mí, y yo me sentaré a esperar. Como estoy ahora, viendo cómo aquell@s que alguna vez traicionaron el más sagrado de los principios que entrega el ser humano, están pagando centavo a centavo el precio. Y no es que lo diga yo, es que es así.

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